
Sabrás que ando inmortalizando todos mis duelos, y que en cada vuelta alguien me roba una parte de esto que soy y hago repaso constante. De todos modos, no esperes milagros, no es que llore por miedo a hablar, lloro porque no consigo ajustarme, nadie me enseño a perder así. Por dentro y por fuera, cada tanto solo presento escombros, no pude reponerme y mucho menos reconstruirme. A veces, siempre y de vez en cuando tengo deseos de escapar, de acelerar sin frenar al instante, probablemente eso es lo que me define, finales abiertos, la incapacidad de ponerle un cierre a todo eso que me hizo y deje.
Porque a veces simplemente creo que algo me otorgo una especie de maduración de la que no quise hacerme cargo, y aun así lo hice, una especie de historia que me hace creer que las cosas duran solo lo que duran, que no existe el para siempre, que todo va y viene, que el amor, las derrotas y los espacios solo hacen que uno crezca y la cobardía empate dándose un golpe. Porque por un lado tuve que cargar con la falta de confianza, y aprendí a respetar ciertos esquemas que jamás comprendí, porque me dejaron y me despertaron, pero ese lado no se va para otro lado y mi desahogo solo espera una vez más.
Porque no consigo eludir el deseo constante de dormir, frenar y llenar cada región de viejos calvarios y un vértigo que recoge el simulacro de este viaje; escuchar mis palabras más hurañas y saber que una vez terminada la tirada, tendré derecho a respirar hondo.