
I've been sitting watching life pass from the sidelines Been waiting for a dream to seep in through my blinds I wondered what might happen if i left this all behind Would the wind be at my back ? could i get you off my mind this time..
Camina idóneo por la vereda. Procura alojarse en su nombre y socorrer al mundo para no regresar a la gente que maldice los pasos de los que ya pegaron la vuelta o de los que han cruzado para no volver. Siente el sudor de sus manos, se da cuenta del aumento de velocidad y sus cejas dan giros inesperados. Desiste a enterrar esa extraña firmeza que en algún punto, sabe que genera encanto.
Hay infinitas miradas en su cercanía. La mirada de una mujer perdida, que empaña su andar con la idea de que vivir es dolor, y que el dolor ya no es vivir. La mirada del hombre al que le pesa la borrachera del día anterior, y arrastra sus besos en el cuello para morder la cama que se acaba de vaciar.
Se detiene en una vidriera. Registra su mirada. La mirada de un tipo de cincuenta. Intenta no caer en el molde sutil de los señores de su edad; que en un mundo distante, observan el culo de una señorita para sentirse vivos. La mirada de alguien que vivió muchas primaveras, pero que hoy se refugia en el frio, para matar las esquirlas que le proporcionaron esas miradas de costado, adicionales.
Bifurcarse de sí mismo en ese instante. Incorporar las aventuras a sus ganas de respirar para dejar de ser ingenuo y presumir ser ganador
Sabe que estará cambiada ¿no es algo lógico? Pasaron decenas de años. Junto a esos años crecieron sus reinas, sus asignaturas y sus nudos. Ya no es dueño de su risa, de sus curvas, de su abecedario. Se tiene a si mismo violentando con los turnos para dar amor, elije tener un presente poco feliz para intentar así, cobrarse a sí mismo la cuota de enemigo, transitar los días renunciando a los brotes de egoísmo que lo trasmutaron en alguien cobarde y enterrar esos huecos rellenos de angustia.
Cuando la vea, seguramente se despertará. Cambiará las sabanas en los escombros, para construir su vida finalmente. Descolorido, flota en la idea de acariciar sus piernas. Inhalará su mirada, traspasará toda realidad y el monstruo de todos esos años se esconderá para mirar de a ratos.
Camina idóneo en la vereda. Procura apartarse de su presente y adaptarse al mundo para no regresar a la cuenta regresiva que trasladó a su vida. Tiembla. Piensa en lo que pueda llegar a decir y en lo que seguramente no deberá callar. Toma impulso, observa el reloj, está a dos minutos de entrar al bar, piensa en qué carajos va a ser de él cuando la vea y qué carajos va a decir si ella liquida todas sus expectativas.